† Larme_Noire †'s profile† Larme_Noire †PhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    February 18

    18/02/06

    Ana corrió con mucho cuidado las colgaduras granate, como si alguien pudiera verla desde el tocador.
    Dejó caer con negligencia su bata azul con encajes crema, y apareció blanca toda, como se la figuraba
    Don Saturno poco antes de dormirse, pero mucho más hermosa que Bermúdez podía representársela.
    Después de abandonar todas las prendas que no habían de acompañarla en el lecho, quedó sobre la piel
    de tigre, hundiendo los pies desnudos, pequeños y rollizos en la espesura de las manchas pardas.
    Un brazo desnudo se apoyaba en la cabeza algo inclinada, y el otro pendía a lo largo del cuerpo siguiendo
    la curva graciosa de la robusta cadera. Parecía una impúdica modelo olvidada de sí misma en una postura
    académica impuesta por el artista. Jamás el Arcipreste, ni confesor alguno, había prohibido a la Regenta
    esta voluptuosidad de distender a sus solas loas entumecidos miembros y sentir el contacto del aire fresco
    por todo el cuerpo a la hora de acostarse. Nunca había creído ella que tal abandono fuese materia de confesión.
     
    Abrió el lecho. Sin mover los pies, dejose caer de bruces sobre aquella blandura suave con los brazos tendidos.
    Apoyaba la mejilla en la sábana y tenía los ojos muy abiertos. La deleitaba aquée placer del tacto que corría
    desde la cintura a las sienes.
        "-¡Confesión general!-estaba pensando-. Eso es la historia de toda la vida". Una lágrima asomó a sus ojos,
    que eran garzos, y corrió hasta mojar la sábana.
    Se acordó de que no había conocido a su madre. Tal vez de esta desgracia nacían sus mayores pecados.
       "Ni madre, ni hijos."
    Esta costumbre de acariciar la sábana con la mejilla la había conservado desde la niñez. Una mujer seca,
    fría, delgada, ceremoniosa, la obligaba a acostarse todas las noches antes de tener sueño. Apagaba la
    luz y se iba. Anita lloraba sobre la almohada, después saltaba del lecho; pero no se atrvía a andar en la oscuridad
    y pegada a la cama seguía llorando, tendida así, de bruces, como ahora, acariciando con el rostro la sábana que
     mojaba con lágrimas también. Aquella blandura de los colchones era todo lo maternal con que ella podía contar.
    No había más suavidad para la pobre niña.
     
     
     
    Leopoldo Alas Clarín.
    Estracto sacado de  "La Regenta".
     
    February 06

    06/02/2006

    PrincE Of BeautY....
    PrincE Of DarknesS.....
     
     
     
     
    img481/202/arte43dv7.jpg
     
     
     
    Larme Noire†